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La Neuroarquitectura es una ciencia que según Eve Edelstein (profesora asociada de la NewSchool of Architecture & Design en San Diego y un referente en esta materia) «trata de considerar cómo cada aspecto de un entorno arquitectónico podría influir sobre determinados procesos cerebrales, como los que tienen que ver con el estrés, la emoción y la memoria.»

Para entender mejor lo que és, se tiene que partir de la Neurociencia, siendo ésta una disciplina que se ocupa de estudiar la estructura y organización funcional del sistema nervioso (particularmente del cerebro), y su cometido es la de relacionar los comportamientos o sucesos con la actividad del cerebro, y así crear las herramientas necesarias para que ayuden a modelar el estado de ánimo de las personas.

Y su principal misión es la de contestar a las siguientes preguntas:

1. ¿Cómo interpreta nuestro cerebro el espacio en que vivimos?

2. ¿Porqué en los hospitales los enfermos mejoran más rápidamente con grandes ventanales al exterior?

3. ¿Cómo influye la luz natural en nuestro rendimiento?

4. ¿Qué ambientes generan más descontento y agresión?

5. ¿Qué entornos favorecen nuestra colaboración en el trabajo?

6. ¿Porqué determinados espacios nos inspiran sensación de bienestar?

7. ¿Cómo afecta el espacio a nuestras hormonas, pensamientos o grado de estrés?

 

Aplicando la Neurociencia a la arquitectura, se consigue crear espacios, tanto en el interior como el exterior de las viviendas, que puedan concebir ambientes agradables y acogedores a la persona que lo habita, sin ser consciente de ello. Para eso se tienen que tener muchos parámetros en cuenta a la hora de estudiar el diseño de una vivienda, y no solamente centrarse en el aspecto funcional, económico, y estético, como se ha realizado hasta ahora.

La Neuroarquitectura es una disciplina muy reciente. Todo empezó en 1998 cuando los Neurocientíficos Fred Gage junto con Peter Eriksson descubrieron que el ser humano tiene la capacidad de generar nuevas neuronas, y que un entorno estimulante lo facilita y potencia. Y a partir de ahí, en el 2003, se fundó la Academia de la Neurociencia para la Arquitectura (ANFA) en San Diego, California, pionera en el mundo. En ella se empezó a estudiar como reacciona el cerebro ante su entorno arquitectónico.

Es evidente que se va a desarrollar distinta estimulación cerebral si nos encontramos en una habitación lóbrega, con polvo, desordenada, y con poca entrada de luz; que si por el contrario disponemos de grandes ventanales con riqueza lumínica, techos altos, limpio, y ordenado. Y por tanto, gracias a estos nuevos estudios, se pueden crear espacios que además de cobijo, nos permitan cada día ser un poco más felices.